sábado, 8 de septiembre de 2012

SERMÓN LLAMADO "del Acueducto" EN LA NATIVIDAD DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA



1. Cuando el cielo goza ya de la presencia de la Virgen fecunda, la tierra venera su memoria. Allí se halla la posesión de todo bien, aquí el recuerdo; allí la saciedad, aquí una tenue memoria. Allí se halla la posesión de todo bien, aquí el recuerdo; allí la saciedad, aquí una tenue prueba de las primicias; allí la realidad, aquí el nombre. Señor, dice el salmista, tu nombre permanece para siempre, y tu memoria pasará de generación en generación. Esta generación y generación no es de ángeles, a la verdad, sino de hombres. ¿Queréis saber cómo su nombre y su memoria está en nosotros y su presencia en las alturas? Oíd al Salvador cuando dice: Habéis de orar así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea el tu nombre. Fiel oración, cuyos principios nos avisan de la divina adopción y de la terrena peregrinación, a fin de que, sabiendo que mientras no estamos en el cielo vivimos alejados del Señor y fuera de nuestra patria, gimamos dentro de nosotros mismos aguardando la adopción de tus hijos, o sea, la presencia del Padre. Por tanto, expresamente habla de Cristo el profeta cuando dice: Cual espíritu que anda delante de nosotros es Cristo nuestro Señor; bajo de su sombra viviremos entre las gentes, porque entre las celestiales bienaventuranzas no se vive en la sombra, sino más bien en el esplendor. En los esplendores de los santos, dice, de mi seno te engendré antes del lucero.  Pero esto, sin duda, el Padre.

2. Más la madre no le engendró al mismo en el esplendor, sino en la sombra; pero no en otra sombra que con la que el Altísimo la cubrió. Justamente por eso canta la Iglesia, no aquélla Iglesia de los santos, que está en las alturas y en el esplendor, sino la que peregrina todavía en la tierra: A la sombra de aquel que había deseado me senté, y su fruto es dulce al paladar mío. Había pedido que se le mostrase la luz del mediodía, en donde el Esposo apacienta su rebaño, pero fue contrariada en su deseo, y en lugar de la plenitud de la luz recibió la sombra, en lugar de la saciedad, el gusto. Finalmente, no dice: A la sombra que yo había deseado, sino: A la sombra de aquel a quien yo había deseado me senté, pues no había deseado la sombra, sino el resplandor del mediodía, la luz llena de quien es luz llena. Y su fruto, añade, dulce a mi paladar. ¿Hasta cuándo me has de negar tu compasión, sin permitirme el respirar y tragar siquiera mi saliva? ¿Cuándo llegará el día en que se cumpla esta sentencia: Gustad y ved cuán suave es el Señor? Sin duda es suave al gusto y dulce al paladar, por lo cual se comprende perfectamente que, en vista de ello, prorrumpiera la esposa en voces de acción de gracias y de alabanza.

3. Pero ¿cuándo se dirá: Comed, amigos, y bebed y embriagaros, amadísimos? Los justos, dice el profeta, coman en convite, pero delante de Dios, no en la sombra. Y de sí mismo dice: Seré saciado cuando aparezca tu gloria. También el Señor dice a los apóstoles: Vosotros sois los que permanecisteis conmigo en mis tentaciones y yo dispongo para vosotros, así como mi Padre le dispuso para mí el reino, para que comáis y bebáis sobre mi mesa». ¿En dónde? En mi reino, dice. Dichoso aquel que coma el pan en el reino de Dios. Sea, pues, tu nombre santificado, por el cual de algún modo ahora estás, Señor, en nosotros, habitando por la fe en nuestros corazones, puesto que ya ha sido invocado sobre nosotros tu nombre. Vénganos tu reino. Venga, ciertamente, lo que es perfecto y sea acabado lo que es en parte. Tenéis, dice el Apóstol, por fruto de vuestras obras la santificación, pero será su fin la vida eterna. La vida eterna es fuente indeficiente que riega toda la superficie del paraíso. No sólo la riega, sino que la embriaga, como fuente de los huertos, pozo de aguas vivas que corren con ímpetu desde el Líbano, y el ímpetu del río alegra la ciudad de Dios. Pero ¿quién es la fuente de la vida, sino Cristo Señor? Cuando aparezca Cristo, que es vuestra vida, entonces también apareceréis vosotros con El en la gloria. A la verdad, la misma plenitud se anonadó a sí misma para hacerse para nosotros justicia, santificación y remisión, no apareciendo todavía vida o gloria o bienaventuranza. Corrió la fuente hasta nosotros y se difundieron las aguas en las plazas, aunque no beba el ajeno de ellas. Descendió por un acueducto aquélla vena celestial, no ofreciendo, con todo ello, la copia de una fuente, sino infundiendo en nuestros áridos corazones las gotas de la gracia, a unos, ciertamente, más, a otros, menos. El acueducto, sin duda, lleno está para que los demás reciban de la plenitud, pero no la misma plenitud.

4. Ya habéis advertido, si no me engaño, quién quiero decir que es este acueducto que, la plenitud de la misma fuente del corazón del Padre, nos la franqueó a nosotros, si no del modo que es en sí misma, a lo menos según podíamos nosotros participar de ella. Sabéis, pues, a quién se dijo: Dios te salve, llena de gracia. Mas ¿acaso no causa admiración que se pudiese formar tal y tan grande acueducto, cuya cumbre, al modo de aquélla escala que vio el patriarca Jacob, tocase los cielos, o más bien, los sobrepasase y pudiese llegar a aquélla vivísima fuente de las aguas que están sobre los cielos? Se admiraba también Salomón y, al modo del que desespera, decía: ¿Quién hallará una mujer fuerte? En verdad, por eso faltaron durante tanto tiempo al género humano las corrientes de la gracia, porque todavía no estaba interpuesto este deseable acueducto del que hablamos ahora. Ni nos admiraremos de que fuese aguardado largo tiempo, si recordamos cuántos años trabajó Noé, varón justo, en la fábrica del arca, en la cual sólo unas pocas almas, esto es, ocho, se salvaron, y esto para un tiempo bastante corto.

5. Pero ¿cómo llegó este nuestro acueducto a aquélla fuente tan sublime? ¿Cómo? Con la vehemencia del deseo, con el fervor de la devoción y con la pureza de la oración, según está escrito: La oración del justo penetra los cielos. Verdaderamente, ¿quién será justo, si no lo es María, de quien nació para nosotros el Sol de justicia? ¿Y cómo hubiera podido llegar hasta tocar aquélla majestad inaccesible, sino llamando, pidiendo y buscando? Sí, halló lo que buscaba aquélla a quien se dijo: Has hallado gracia a los ojos de Dios. ¿Qué? ¿Está llena de gracia y todavía haya más gracia? Digna es, por cierto, de hallar lo que busca, pues no la satisface la propia plenitud, ni está contenta aún con el bien que posee, sino que, así como está escrito: El que de mí bebe, tendrá sed todavía, pide el poder rebosar para la salvación del universo. El Espíritu Santo, le dice el ángel, descenderá sobre ti, y en tanta copia, en tanta plenitud difundirá en ti aquel bálsamo precioso, que se derramará copiosamente por todas partes. Así es, ya lo sentimos, ya se alegran nuestros rostros en el óleo. Mas esto, ciertamente, no es en vano; y si el aceite se derrama, no por eso perece. Por esto, sin duda, también las vírgenes, esto es, las almas todavía párvulas, aman al Esposo y no poco. Y no sólo recibió la barba aquel ungüento que descendía de la cabeza, sino que también las mismas fimbrias del vestido le recibieron.

6. Mira, hombre, el consejo de Dios, reconoce el consejo de la sabiduría, el consejo de la piedad. Habiendo de regar toda la era con el rocío celestial, humedeció primero todo el vellocino; habiendo de redimir todo el linaje humano, puso todo el precio en María. ¿Con qué fin hizo esto? Quizá para que Eva fuese -disculpada por la hija y cesase la queja del hombre contra la mujer para siempre. No digas ya jamás, Adán: La mujer que me diste me ofreció del árbol prohibido; di más bien: La mujer que me diste me ha dado a comer del fruto bendito. Consejo piadosísimo, sin duda, pero no es esto todo acaso; hay otro todavía oculto. Verdad es lo que se ha dicho, pero aún es poco (si no me engaño) a vuestros deseos. Dulzura de leche es; se sacará, acaso, si con más fuerza apretamos la crasitud de la manteca. Contemplad, pues, más altamente con cuánto afecto de devoción quiso fuese honrada María por nosotros aquel Señor que puso en ella toda la plenitud para que, consiguientemente, si en nosotros hay algo de esperanza, algo de gracia, algo de salud, conozcamos que redunda de aquélla que subió rebosando en delicias. Huerto es, en verdad, de delicias que no solamente inspiró viniendo, sino que agitó dulcemente con sus soberanos soplos aquel austro divino, sobrevienen en ella, para que por todas partes fluyan y se difundan sus aromas, sus dones, sus gracias. Si se quita este cuerpo solar que ilumina al mundo, ¿cómo podría haber día? Quita a María, esta estrella del mar, del mar sin duda grande y espacioso, y ¿qué quedará, sino oscuridad, que todo lo ofusque, sombra de muerte y densísimas tinieblas?

7. En lo íntimo, pues, de nuestra alma, con todos los afectos de nuestro corazón y con todos los sentimientos y deseos de nuestra voluntad, veneremos a María, porque ésta es la voluntad de aquel Señor que quiso que todo lo recibiéramos por María. Esta es, repito, su voluntad, pero para bien nuestro. Puesto que, mirando en todo y por todo al bien de los miserables, consuela nuestro temor, excita nuestra fe, fortalece nuestra esperanza, disipa nuestra desconfianza y anima nuestra pusilanimidad. Recelabas acercarte al Padre, y aterrado con sólo oír su voz, huías a esconderte entre las hojas. El te dio a Jesús por mediador. ¿Qué no conseguirá tal Hijo de Padre tal? Será oído sin duda por su respeto, pues el Padre ama al Hijo. Mas recelas acaso llegarte también a Él. Hermano tuyo es, tu carne es, tentado en todas las cosas sin pecado para hacerse misericordioso. Este hermano te lo dio María. Pero, por ventura, en El también miras con temblor su majestad divina, porque, aunque se hizo hombre, con todo eso permaneció Dios. ¿Quieres tener un abogado igualmente para con Él? Pues recurre a María. Porque se halla la humanidad pura en María, no sólo pura de toda contaminación, sino pura de toda mezcla de otra naturaleza. No me cabe la menor duda: será ella oída también por tu respeto. Oirá sin duda el Hijo a la Madre, y oirá el Padre al Hijo. Hijos amados, ésta es la escala de los pecadores, ésta es mi mayor confianza, ésta es toda la razón de mi esperanza. ¿Pues qué? ¿Podrá acaso el Hijo repeler, o padecer repulsa? ¿Podrá el Hijo no ser atendido por su Padre o rechazar los ruegos de su Madre? No, no; mil veces no. Hallaste, dice el ángel, gracia a los ojos de Dios. Dichosamente. Siempre ella encontrará la gracia, y solo la gracia es lo que necesitamos. La prudente Virgen no buscaba sabiduría, como Salomón; ni riquezas, ni honores, ni poder, sino gracia. Verdaderamente, solo por la gracia nos salvamos.

8. ¿Para qué deseamos nosotros, hermanos, otras cosas? Busquemos la gracia, y busquémosla por María, porque ella encuentra lo que busca y no puede verse frustrada. Busquemos la gracia, pero la gracia en Dios, pues en los hombres la gracia es falaz. Busquen otros el mérito; nosotros procuremos cuidadosamente hallar la gracia. ¿Pues qué? ¿Por ventura, no es gracia el estar aquí? Verdaderamente misericordia del Señor es que no hayamos sido consumidos nosotros. ¿Y quiénes somos nosotros? Nosotros, tal vez, perjuros; nosotros, adúlteros; nosotros, homicidas; nosotros, ladrones; la basura, sin duda, del mundo. Consultad vuestras conciencias, hermanos, y ved que donde abundó el delito sobreabundó también la gracia. María no alega el mérito, sino que busca la gracia. Verdaderamente, en tanto grado confía en la gracia y no presume de sí altamente, que recela de la misma salutación del ángel. María, pensaba qué salutación sería ésta. Sin duda, se reputaba indigna de la salutación del ángel. Y acaso meditaba dentro de sí misma: ¿De dónde a mí esto, que el ángel de mi Señor venga a mí? No temas, María, no te admires de que venga el ángel, que después de él viene otro mayor que él. No te admires del ángel del Señor, el Señor del ángel está contigo. ¿Es mucho que veas a un ángel viviendo tú ya angélicamente? ¿Es mucho que visite el ángel a una compañera de su vida? ¿Es mucho que salude a la ciudadana de los santos y familiar del Señor? Angélica vida es, ciertamente, la virginidad, pues los que no se casan ni son casados serán corno los ángeles de Dios.

9. ¿No veis cómo también de este modo nuestro acueducto sube a la fuente, ni ya con sola la oración penetra los cielos, sino igualmente con la incorrupción, la cual nos une con Dios, como dice el Sabio? Era la Virgen santa en el cuerpo y en el espíritu, y podía decir con exclusividad: Nuestro trato es en el cielo. Santa era, repito, en el cuerpo y en el espíritu, para que nada dudes acerca de este acueducto. Sublime es en gran manera, pero no menos permanece enterísimo. Huerto cerrado es, fuente sellada, templo del Señor, sagrario del Espíritu Santo. No era virgen fatua, pues no sólo tenía su lámpara llena de aceite, sino que guardaba en su vasija la plenitud de él. En su corazón había dispuesto los grados para subir hasta el lugar santo por medio de la asidua oración y una vida santísima, y así vemos que subió a las montañas de Judea con mucha prisa, saludó a Isabel y permaneció en su asistencia como tres meses, de suerte que ya entonces podía decir la Madre de Dios a la madre de Juan lo que mucho tiempo después dijo el Hijo de Dios al hijo de Isabel: Déjame hacer ahora, que así es como conviene que cumplamos nosotros toda justicia. Puede afirmarse con toda verdad que esta Virgen al subir a las montañas de Judea se elevó más que los más altos montes de Dios, lo cual constituye el tercer ascenso de la Virgen, a fin de que se cumpliera en ella aquello de que con dificultad se rompe la cuerda tres veces doblada. Hervía, pues, la caridad en buscar la gracia, resplandecía en el cuerpo la virginidad y sobresalía la humildad en el obsequio. Pues si todo aquel que se humilla será ensalzado, ¿qué cosa más sublime que esta humildad? Se admiraba Isabel de su venida, y decía: ¿De dónde a mí esto, que la Madre de mi Señor venga a mí? Pero mucho más debiera haberse admirado de que María se anticipara a lo que más tarde debía decir su Hijo: No vine a ser servido, sino a servir. Con razón, por tanto, aquel cantor divino, llevado de su admiración profética, decía de ella: ¿Quién es ésta que va subiendo cual aurora naciente, hermosa como la luna, escogida como el sol; terrible como un ejército formado en batalla? Sube ciertamente sobre el linaje humano, sube hasta los ángeles, pero a éstos también los sobrepuja y se eleva sobre toda criatura celestial. Sin duda que sobre los mismos ángeles es forzoso que vaya a recibir aquélla agua viva que ha de difundir sobre los hombres.

10. ¿Cómo, dice, se hará esto, porque yo no conozco varón? Verdaderamente es santa en el cuerpo y en el espíritu, teniendo no sólo la integridad de la virginidad, sino el propósito firme de conservarla incólume. Mas respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo sobrevendrá en ti, y la virtud del Altísimo te hará sombra. Como si dijera: No me preguntes a mí esto, porque es cosa superior a mi comprensión y no podría declarártelo. El Espíritu Santo, no el espíritu angélico, sobrevendrá en ti, y la virtud del Altísimo te hará sombra, no yo. No te pares ni siquiera entre los ángeles, Virgen santa; mucho más sublime está lo que la tierra sedienta espera que se le dé a beber por ministerio tuyo. Un poco que les pases a ellos hallarás a quien ama tu alma. Un poco, repito, no porque tu Amado no sea superior a ellos incomparablemente, sino porque nada encontrarás que medie entre Él y ellos. Pasa, pues, las virtudes y las dominaciones, los querubines y los serafines, hasta que llegues a Aquel de quien alternativamente están clamando: Santo, santo, santo es el Señor Dios de los ejércitos. Pues el fruto santo que nacerá de ti se llamará Hijo de Dios. Fuente es de la sabiduría el Verbo del Padre en las alturas. Pero este Verbo por medio de ti se hará carne, para que Aquel que dice: Yo estoy en el Padre y el Padre en mí, diga igualmente: Porque yo procedí de Dios y he venido de parte de Dios. En el principio, dice San Juan, era el verbo. Ya brota la fuente, pero por ahora sólo en sí misma. Añade luego: Y el Verbo estaba en Dios, habitando una luz inaccesible, y decía el Señor desde el principio: Yo medito pensamientos de paz y de aflicción. Pero en ti, Señor, está tu pensamiento, y lo que piensas lo ignoramos nosotros. Porque ¿quién pudo jamás conocer los designios del Señor o quien fue su consejero? Descendió, pues, el pensamiento de la paz a la obra de la paz: el Verbo se hizo carne y habita ya entre nosotros. Habita por la fe en nuestros corazones, habita en nuestra memoria, habita en muestro pensamiento y desciende hasta la misma imaginación. Porque ¿qué idea se formaría antes el hombre de Dios? ¿No se le representaba en su corazón bajo la forma de un ídolo?

11. Incomprensible era e inaccesible, invisible y superior a toda humana inteligencia. Mas ahora quiso ser comprendido, quiso ser visto, quiso que pudiésemos pensar en El. ¿De qué modo, me preguntas? Echado en el pesebre, reposando en el virginal regazo, predicando en el monte, pernoctando en la oración; o bien pendiente de la cruz, poniéndose pálido en la muerte, libre entre los muertos y mandando en el infierno; o también resucitando al tercer día y mostrando a los apóstoles las hendiduras de los clavos, insignias de su victoria; últimamente subiendo a lo más alto de los cielos a vista de los mismos apóstoles. ¿Qué cosa de éstas no se piensa verdadera, piadosa y santamente? Cualquiera de estas cosas que yo piense, pienso en mi Dios y en todas estas cosas. El es mi Dios. El meditar, pues, estos misterios lo llamé sabiduría, y juzgué por prudencia el refrescar incesantemente la memoria de la suavidad de estos dulces frutos, que produjo copiosamente la vara sacerdotal que María fue a coger en las alturas para difundirlos con la mayor abundancia en nosotros. La recibió, sin duda, en las alturas y sobre los ángeles, puesto que recibió al Verbo del mismo corazón del Padre, según está escrito: El día anuncia al día la palabra. Verdaderamente es día el Padre, pues es día del día la salud de Dios. ¿Acaso no es también día María? Y esclarecido. Resplandeciente día es, sin duda, la que procedió como la aurora resurgente, hermosa como la luna, escogida como el sol.

12. Contempla, pues, cómo se elevó hasta los ángeles por la plenitud de la gracia y por encima de los ángeles al descender sobre ella el Espíritu Santo. Hay en los ángeles caridad, hay pureza, hay humildad. ¿Cuál de estas cosas no resplandeció en María? Pero de esto ya os hemos hablado antes del modo que hemos podido; prosigamos viendo su excelencia singular. ¿A cuál de los ángeles se le dijo alguna vez: El Espíritu Santo descenderá sobre ti, y la virtud del Altísimo te hará sombra. Y por eso el fruto santo que nacerá de ti se llamará Hijo de Dios? La verdad nació de la tierra, no de la criatura angélica, puesto que no tomó la naturaleza de los ángeles para salvarlos, sino que tomó la semilla de Abraham, para redimir a sus hijos. Cosa excelsa es para el ángel el ser ministro del Señor, pero otra cosa más sublime mereció María, que fue la de ser Madre del Señor. Así la fecundidad de la Virgen es una gloria sobreeminente, y por este privilegio único fue sublimada sobre todos los ángeles, tanto más cuanto supera el nombre de Madre de Dios al de simples ministros suyos. A ella la encontró la gracia, llena de gracia, para que, fervorosa en la caridad, en la virginidad íntegra en la humildad devota concibiese sin conocer varón y diera a luz igualmente sin dolor ni menoscabo de su virginidad. Más aún, el fruto que nació de ella se llama santo y es Hijo de Dios.

13. En lo demás, hermanos, debemos procurar con el mayor cuidado que la Palabra que salió de la boca del Padre para nosotros por medio de la Virgen, no se vuelva vacía, sino que por mediación de Nuestra Señora volvamos gracia por gracia. Mientras suspiramos por la presencia, fomentemos con toda nuestra atención su memoria, y así sean restituidas a su origen las corrientes de la gracia para que fluyan después más copiosamente. De otra suerte, si no vuelven a la fuente se secarán, y siendo infieles en lo poco no merecemos recibir lo que es máximo. Poco es ciertamente la memoria en comparación de la presencia, poco en comparación de lo que deseamos, pero grande cosa es respecto de lo que merecemos: inferior es respecto del deseo, pero muy superior al mérito. Sabiamente, por tanto, la Esposa, aun por esto poco, se congratula a sí misma en gran manera, puesto que habiendo dicho: Muéstrame dónde tienes los pastos, dónde reposas al llegar el mediodía, aunque recibió muy poco en comparación de lo que había pedido, pues en vez del pasto de mediodía sólo gustó el sacrificio de la tarde, sin embargo de ningún modo se lamenta de ello, como suele suceder, ni se contrista, sino que da gracias al Amado y en todo se muestra más devota. Sabe muy bien que si es fiel en la sombra de la memoria, obtendrá sin duda la luz de la presencia. Así, los que hacéis memoria del Señor, no guardéis silencio, no permanezcáis mudos, aunque, ciertamente, los que tienen presente al Señor no necesitan de exhortación, y aquellas palabras del profeta: alaba, Jerusalén, al Señor, alaba a tu Dios, Sión, más bien son de congratulación que de amonestación, pero por los que caminan aún en la fe necesitan de amonestación para que no callen y no respondan al Señor con el silencio, porque El hace oír su voz y habla palabras de paz para su pueblo y para sus santos y para todos aquellos que se vuelven a El de corazón. Por esto se dice en el salmo: Con el santo, serás santo, y con el varón inocente, inocente, y oirá al que le oye y hablará al que le habla. De otra suerte le habrás dado silencio, si tú callas. Pero ¿si tú callas qué? La alabanza. No calléis, dice, y no le deis silencio hasta que establezca y ponga Jerusalén alabanza en la tierra. La alabanza de Jerusalén es gustosa y hermosa, a no ser que acaso juzguemos que los ciudadanos de Jerusalén se deleitan con las alabanzas mutuas y que se engañan recíprocamente con la vanidad.

14. Hágase tu voluntad, ¡oh Padre!, así en la tierra como en el cielo, para que las alabanzas que resuenan en Jerusalén resuenen también en la tierra. Pero ¿qué sucede ahora? El ángel no busca gloria de otro ángel en Jerusalén, mas el hombre desea ser alabado por hombre en la tierra. ¡Execrable perversidad, pero sólo propia de aquellos que tienen ignorancia de Dios, que viven olvidados del Señor Dios suyo; en cuanto a vosotros, que os acordáis del Señor, no ceséis de publicar sus alabanzas hasta que resuenen cumplidamente en toda la tierra. Hay un silencio irreprensible, más aún, loable, como también hay palabras que no son buenas. De otra suerte no diría el profeta que era bueno aguardar en silencio la salud que viene de Dios. Bueno es que la jactancia guarde silencio, bueno es que la blasfemia se calle, bueno es que enmudezca la murmuración y la detracción. Acontece que alguno, exasperado por la magnitud del trabajo y peso del día, murmura en su corazón y juzga temerariamente a los que velan por su alma, como que han de dar cuenta de ella. Esta murmuración equivale a un grito clamoroso que procede de un corazón endurecido y que le impide oír la voz de Dios. Otros, por la pusilanimidad de su espíritu, desmayan en la esperanza, y ésta viene a ser como una horrible blasfemia, que ni en este siglo ni en el futuro se perdona. Otros, en fin, aspiran a cosas grandes y muy superiores a su capacidad, diciendo: Nuestra mano es robusta, creyéndose algo cuando en realidad no son nada. ¿Qué le hablará a éste aquel Señor que no habla sitio de paz? Ese tal dice: Rico soy y de nadie necesito, mientras que el que es la verdad clama: ¡Ay de vosotros, ricos!, porque ya tenéis aquí vuestra consolación. Y en otra parte añade: Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Calle, pues, en nosotros la lengua maldiciente, la lengua blasfema, la lengua orgullosa y altanera, porque es bueno aguardar en este triplicado silencio la salud que viene de Dios, a fin de que así podamos decir: Habla, Señor, porque tu siervo escucha. Semejantes voces no se dirigen a Él, sino contra El, según aquello que decía Moisés a los murmuradores: No es contra mí vuestra murmuración, sino contra el Señor.

15. Más de tal suerte has de callar en estas tres cosas, que no enmudezcas del todo, guardando con Dios absoluto silencio. Háblale contra la jactancia por la confesión, para que alcances perdón de lo pasado. Háblale contra la murmuración con la acción de gracias, para que te conceda más abundante gracia en la presente vida. Háblale contra la desconfianza en la oración, para que consigas también la gloria en lo futuro. Confiesa, repito, lo pasado, y da gracias por lo presente, y en adelante ora con más cuidado por lo futuro, a fin de que El a su vez no calle en la remisión, ni en la donación de sus gracias ni en sus promesas. No calles, repito, no guardes silencio en su presencia. Háblale para que también El te hable y pueda decirte: mi amado es para mí y yo para él. Voz agradable es ésta; dulce palabra. Sin duda no es esta voz de murmuración, sino de tórtola. No me digas: ¿Cómo hemos de cantar los cánticos del Señor en tierra extraña?, porque no debe reputarse tierra extraña aquélla de la cual dice el Esposo: La voz de la tórtola se ha oído ya en nuestra tierra. Había, pues, oído el que decía: Tomad las zorras pequeñas, y por eso acaso prorrumpió en voces de gozo, diciendo: Mi amado es para mí y yo para él. Sin duda voz de tórtola que con una castidad singular persevera para su consorte, así vivo como muerto, para que ni la muerte ni la vida la separen de la claridad de Cristo. Mira, pues, si hubo algo que pudiese apartar al amado de la amada, cuando ves que persevera unido a ella aún pecando y estando apartada de Él. Porfiaban envueltas entre sí las nubes en ofuscar los rayos para que nuestras iniquidades nos apartasen de Dios. Pero desplegó su fervor el Sol y lo disipó todo. De otra suerte, ¿cuándo hubieras tú vuelto a Él, si El no hubiera perseverado para ti, si Él no hubiera clamado: Vuélvete, vuélvete, Sunamitis; vuélvete, vuélvete para que te miremos? Sé, pues, tú también no menos perseverante, de modo que por ningún castigo, ni por ningún trabajo te apartes.

16. Lucha con el ángel, como Jacob, para que no seas vencido, porque el reino de los cielos se alcanza a viva fuerza y sólo los valerosos le arrebatan. ¿Por ventura, no indican lucha aquellas palabras: Mi amado es para mí y yo para él? Te dio El muestras de su amor, experimente también el tuyo. En muchas cosas te prueba el Señor tu Dios; se desvía muchas veces, aparta de ti su rostro; pero no llevado de ira. Lo hace para probarte, no para reprobarte. Te sufrió el amado, sufre tú al amado, sostén al Señor y obra varonilmente. No le vencieron a El tus pecados, a ti tampoco te superen sus castigos, y alcanzarás la bendición. Más ¿cuándo? Al nacimiento de la aurora, cuando ya esclarezca el día, cuando haya establecido las alabanzas de Jerusalén en la tierra. He aquí, dice Moisés, que un varón, o sea, un ángel, luchaba con Jacob hasta la mañana. Haz que sea oída por mí en la mañana tu misericordia, porque en ti, Señor, he esperado. No callaré, perseveraré en la oración hasta la mañana, y ojalá que no me quede en ayunas. Tú, Señor, te dignas alimentarme, y no sólo esto, sino entre las azucenas. Mi amado es para mí, y yo para él, el cual se apacienta entre las azucenas. Un poco antes se observa en el mismo cántico que la aparición de las flores va acompañada del arrullo de la tórtola. Pero atiende que parece indicar el sitio, no el sustento, y no explica de qué cosas se alimenta, sino entre qué cosas. Acaso, pues, no se alimenta con el manjar, sino con la compañía de las azucenas, ni come azucenas, sino que anda entre ellas. Sin duda más bien por el olor que por el sabor agradan las azucenas y son más a propósito para la vista que para la comida.

17. Así, pues, se apacienta entre las azucenas, hasta que decline el día, y a la belleza de las flores se siga la abundancia de los frutos. Porque ahora es tiempo de flores, no de frutos, pues tenemos aquí sola la esperanza y no lo que esperamos, y caminando por la fe, no por la vista clara, nos congratulamos más con la expectación que con la experiencia. Considerad la suma delicadeza de esta flor y acordaos de aquellas palabras del Apóstol: Llevamos este tesoro en vasos de barro ¡Cuántos peligros amenazan a las flores! ¡Cuán fácilmente con los aguijones de las espinas es traspasada la azucena! Con razón, pues, canta el amado: Como azucena entre espinas, así es mi Amiga entre las vírgenes. ¿Acaso no era azucena entre espinas el que decía: Con los que aborrecían la paz era yo pacífico? Sin embargo, aunque el justo florece como la azucena, no se alimenta el Esposo de azucenas ni se complace en la singularidad. Escuchad cómo habla el que mora en medio de las azucenas: Donde dos o tres se hallan congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. Ama siempre Jesús lo que está en medio; los lugares apartados y solitarios siempre los ha reprobado el Hijo del hombre, que es el mediador entre Dios y los hombres. Mi Amado es para mí y yo para él, el cual se apacienta entre azucenas. Procuremos, pues, hermanos míos, cultivar azucenas; démonos prisa en arrancar de raíz las espinas y los abrojos, y plantemos en su lugar azucenas, por si alguna vez acaso se digna el amado descender a apacentarse entre ellas.

18. En María sí que se apacentaba, puesto que en ella hallaba grandísima abundancia de azucenas. ¿No son acaso azucenas el decoro de la virginidad, las insignias de la humildad, la supereminencia de la caridad? También nosotros podemos tener azucenas, aunque menos hermosas y olorosas; con todo, ni aun entre ellas desdeñará apacentarse el esposo, con tal de que a esas acciones de gracias, de que hemos hablado antes, les dé lustre la alegría de la devoción, a la oración le dé candor la pureza de intención y la misericordia dé blancura a la confesión, como está escrito: Aunque sean vuestros pecados como la escarlata, se volverán blancos como la nieve, y aunque sean rojos como el carmesí, serán blancos como la lana. Pero sea lo que fuere aquello que dispones ofrecer, acuérdate de encomendarlo a María, para que vuelva la gracia por el mismo cauce por donde corrió, al dador de la gracia. No le faltaba a Dios, ciertamente, poder para infundirnos la gracia, sin valerse de este acueducto si Él hubiera querido, pero quiso proveerte de ella por este conducto. Acaso tus manos están aún llenas de sangre o manchadas con dádivas sobornadoras, porque todavía no las tienes lavadas de toda mancha. Por eso lo poco que deseas ofrecer, procura depositarlo en aquellas manos de María, graciosísimas y dignísimas de todo aprecio, a fin de que sea ofrecido al Señor, sin sufrir de El repulsa. Sin duda candidísimas azucenas son, ni se quejará aquel amante de las azucenas por no haber encontrado entre azucenas todo lo que El hallare en las manos de María. Amén.


San Bernardo de Claraval

NATIVIDAD DE LA SANTISIMA VIRGEN MARIA - 8 de Septiembre



Esta fiesta mariana tiene su origen en la dedicación de una iglesia en Jerusalén, pues la piedad cristiana siempre ha venerado a las personas y acontecimientos que han preparado el nacimiento de Jesús. María ocupa un lugar privilegiado, y su nacimiento es motivo de gozo profundo. En esta basílica, que había de convertirse en la iglesia de Santa Ana (siglo XII), san Juan Damasceno saludó a la Virgen niña: "Dios te salve, Probática, santuario divino de la Madre de Dios … ¡Dios te salve, María, dulcísima hija de Ana!". Aunque el Nuevo Testamento no reporta datos directos sobre la vida de la Virgen María, una tradición oriental veneró su nacimiento desde mediados del siglo V, ubicándolo en el sitio de la actual Basílica de "Santa Ana", en Jerusalén. La fiesta pasó a Roma en el siglo VII y fue apoyada por el Papa Sergio I. Su fecha de celebración no tiene un origen claro, pero motivó que la fiesta de "La Inmaculada Concepción" se celebrara el 8 de diciembre (9 meses antes). El Papa Pío X quitó esta celebración del grupo de las fiestas de precepto.

viernes, 8 de junio de 2012

ROMANCE DEL ALUMNO DE UNA ESCUELA MODERNA Y AVANZADA

POR FAVOR PAPÁ:

Llévame a un cole normal.
Que este colegio de ahora
Me está empezando a asustar.

Me dicen que lo moderno,
Es ser experimental,
Que lo único importante
Siempre es la diversidad,
Con libertad creativa
Y autonomía moral
(Y si el maestro lo dice,
Tendrá que ser la verdad).

Géneros De los niños de mi clase
No hay dos que sean igual,
Porque aquí los profes quieren
Mucha originalidad:
A Juan le gustan las niñas
Igual que a ti mi mamá,
A Curro, niñas y niños,
Para mayor variedad;
A Pedro sólo los niños
Que al fútbol saben jugar;
Vicente no se decide,
prefiere experimentar;
Mari tiene dos espíritus
En lucha trascendental;
Estela quiere operarse
Y ser por fin como Juan;
Santi dice, muy contento,
que él siempre está más allá
de los roles que ha creado
la sociedad patriarcal;
Y yo tengo un lío grande
De tanto hablar y pensar,
No sé si soy L, G
T, B, Y, Z o K.



Papá, por favor, escucha:
Llévame a un cole normal.

Yago, además de su padre,
Tiene también dos mamás
Y Javi, cada semana,
Estrena un nuevo papá;
A Yennifer la ha criado
Una comuna ilegal
Y no conoce a su padre
Ni a su madre, ¡qué más da!
El padre de Alba se llama
“Insemin. Artificial”,
Porque su madre pensaba
Que así se iba a realizar;
Hay familias numerosas
Como la de Maripaz,
Porque suman cuatro “hermanos”
(Ella, dos gatos y un can)
Y, según dicen sus padres,
Quieren a todos igual.
Joaquín es niño probeta
Y cuando se va a acostar
Le da siempre un par de besos
A su tubo de cristal,
Porque sus padres trabajan
Día y noche sin parar.

Yo los quiero mucho a todos,
Como amigos de verdad,
pero me siento muy raro
Por tener mamá y papá.
Los otros niños se ríen
Hasta que me hacen llorar
Y dicen que somos pobres
Y no podemos pagar
Un divorcio en condiciones
Como hacen los demás.

Otros piensan que es un virus
Que se puede contagiar
Y que los médicos llaman
“Familia tradicional”.

Papá, por favor, escucha:
Llévame a un cole normal.

Es que, en éste, no me dejan
Estar ni vivir en paz
Y en cuanto abro la boca
siempre termino fatal,
Pues si le respondo al profe
Que algo está bien o está mal,
O defiendo el matrimonio
(Salvo el homosexual),
Hablo de amor para siempre,
Respeto y fidelidad,
O pienso que mis hermanos
Valen más que un animal,
Me castiga por listillo
Y por ser un radical.

Papá, por favor, escucha:
Llévame a un cole normal,
Que aquí lo raro es la normal
Y no existe la verdad.

martes, 8 de mayo de 2012

ARGENTINO, NO TE RINDAS

Fue aquella una guerra justísima, cuyos resultados temporariamente adversos no anulan ni opacan la recta decisión de librarla y el honor de quienes supieron protagonizarla con gallardía. Sigan pensando pacifistas, ignorantes y descastados de todo jaez, en las hipótesis mezquinas que habrían motivado la contienda, sosteniendo entonces —contestes con su miopía— que la rendición fue el escarmiento y el fracaso que nos merecíamos. Para nosotros, el 2 de abril, sigue siendo la fiesta de la dignidad nacional, y el 14 de junio la cifra de todas las claudicaciones que aún perduran, aborreciblemente potenciadas.
 
De sobra sabemos que la Argentina de 1982 era una época sombría y decadente, bien que por motivos antagónicos a los que hoy esgrime la historia oficial, subsidiada y ficticia. Como de sobra sabemos que hubo quienes condujeron las operaciones o se condujeron a sí mismos, asidos al pellejo, sopesando cálculos antes que pálpitos, midiendo las armas por sobre el coraje, diagramando estrategias diplomáticas cuando debían soñar asaltos a campo traviesa. Sólo cabía el triunfo, que sigue siendo tal —o empieza por ser tal— si se triunfa sobre el afán de conservar la vida, y el corazón se alista en la brigada de los mártires; en ese último pelotón spengleriano, dueño de todos los arrojos y de la osadía de donarse sin reservas.

Pero llegó la batalla legítima en el abril de la patria, y la patria tuvo héroes. Sangre fecunda de los muertos y de los combatientes cabales, ante la cual cualquier homenaje es pequeño, cualquier gratitud insuficiente, cualquier admiración escasa. Paradójicamente, ha sido un inglés lúcido, Carlyle, el que ha dicho que “no se necesita solamente lo que solemos llamar un alma grande para ser un héroe; lo que se necesita es un alma creada a imagen y semejanza de Dios y que sea fiel a su origen”. Tuvo la nación estas almas durante los días que duró la hazaña. Ennoblece reconocerlo.

Era justa la guerra, quede en claro, precisamente por su hondo e irrenunciable significado teológico. Porque como bien lo ha columbrado Alberto Caturelli, se lidiaba contra Albión, que es la apostasía; contra Leviatán, que es la Serpiente; contra Gog, que es la usura. Porque se luchaba por una soberanía, que no es únicamente señorío sobre el paisaje, sino y ante todo restauración de la Principalía de Jesucristo: La que el hereje desterró de nuestras Islas, desde el mismo día que las poseyó por la fuerza. No fue obra de la casualidad sino de la Providencia, que el operativo militar que restituyó aquel terreno austral injustamente arrebatado, llevase por nombre el de Nuestra Señora del Rosario. Para que el mundo entero supiera que la única reina de aquel territorio insular no estaba en Buckingham, sino en el Cielo. Quienes otrora y después, hasta este hoy de espanto y de vergüenza, no han comprendido o han traicionado esta honda significación religiosa de la lucha, merecen nuestro repudio. Tan simétricamente como merecen nuestra piedad y observancia, los que ataron escapularios a sus fusiles y desgranaron avemarías al son de cada disparo.

El segundo enunciado que aquí queremos asentar, es el que también entonces supimos, pero que luego corroborarían los interesados con explícita grosería. Ante todo,que pudimos haber vencido, infligiéndoles a los intrusos una inolvidable paliza. Lo han reconocido, entre otros, los gringos Charles Koburger, Anthony Simpson, Bruce Schoc, y el mismísimo Secretario de Marina de USA, John Lehman, en su Informe ante el Subcomité de Armamentos de la Cámara de Representantes de su país, el 3 de febrero de 1983. Si no vencimos, no fue por nuestra falta de agallas para la lid, como se insiste en acomplejarnos desde hace veinticinco años, sino por la incalificable traición a la patria consumada por el Generalato y la Partidocracia, con la anuencia y la instigación del embajador Schlaudeman. Cuando el general Llamil Reston le dijo a Galtieri que “Yalta existe”, indicándole con el funesto laconismo que era obligatorio acatar sus inicuos mandatos, hablaba por él toda una clase de jefes castrenses de oprobiosa conducta. Cuando Alfonsín, Menem, Duhalde o De la Rúa, cada uno a su turno, reconocieron que gracias a la derrota en las Malvinas fue posible la instauración de la democracia, no hacían sino coincidir deliberadamente con las gozosas declaraciones que al respecto formularían David Steel, ministro del Foreign Office, en 1985, y la mismísima Margaret Thatcher después, en 1994. El actual sátrapa Néstor Kirchner ha llevado hasta el paroxismo, y cumplido a rajatablas, esta endemoniada dialéctica de los traidores. Nadie como él se ha hecho cargo de la dialéctica instalada por el enemigo, según la cual, de la rendición brotó la democracia, y de la democracia el hundimiento definitivo de las Fuerzas Armadas. Quien juega ante la ordinariez de su hinchada a presentarse como adalid del anti-imperialismo, no es sino su dócil peón, su manso usufructuador y turiferario.

No ha de cerrarse este homenaje con amargura, sino con esperanza. Porque si la Argentina ha de salvarse, será con hombres de la talla de aquellos que pelearon bravamente, algunos de los cuales son ahora prisioneros de guerra de este Régimen monstruoso. Con hombres como aquellos de la talla de Giachino, Estévez, Falconier o Cisneros. Hombres singulares, para quienes la existencia y la muerte no eran concebibles sino como actos de servicio por Dios y por la Patria. Hombres impares, naturalmente decididos y arrojados, caídos gloriosamente entre el hielo y los albatros. Hombres —que tal vez sin saber que repetían las viriles palabras con que Palafox rechazó la rendición de Zaragoza— levantaron su misma consigna en el vértice austral de esta patria doliente: No sé capitular, no sé rendirme, después de muerto hablaremos. Como al estupendo hispano, les cabe a todos ellos —parafraseadas de Pérez Galdós— una sola y confortadora promesa: Siempre habrá entre las tumbas una lengua que grite: ¡Las Malvinas no se rinden!

Antonio Caponnetto

CONGREGACION PARA LA DOCTRINA DE LA FE RETIRA LIBRO DE EDITORIAL SAN PABLO EN ARGENTINA

El Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal norteamericano William Levada, envió el pasado 5 de noviembre una carta a la editorial católica argentina San Pablo en la que le advertía de que uno de sus libros, escrito por un pastor metodista -protestante liberal-, contenía «opiniones contrarias a la doctrina de la Iglesia acerca de la sexualidad» y pedía «remediar cuanto antes tal situación, que es causa de confusión entre los fieles». Se da la circunstancia de que en el año 2010 el pastor se manifestó públicamente a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo. El libro ha sido retirado.

«La Congregación para la Doctrina de la Fe y el sentido común», por Luis Fernando Pérez
(Infocatólica) A menos de veinte días de recibir la petición del Cardenal Levada, con fecha 22 de noviembre, el superior general de la Sociedad de San Pablo, Don Silvio Sassi, envía otra carta, esta vez al superior provincial de la misma congregación, P. Agustín Pedro Cortés García, recordando un encuentro previo entre ellos (entre el 5 y el 22 de noviembre) en el que acordaron retirar el libro de los comercios, omitirlo en los catálogos y prohibir la publicidad en las publicaciones de la Sociedad de San Pablo

El libro se llama Parejas y sexualidad en la comunidad de Corinto y es obra del pastor metodista argentino Pablo Manuel Ferrer, de 40 años. Había sido publicado por San Pablo en 2010 a partir de la iniciativa de esta editorial de iniciar una colección ecuménica de exégesis y reflexión en torno a temas bíblicos. Fue así que se invitó a participar a teólogos de otras iglesias cristianas.

“Cuando me convocaron a publicar un libro, me extrañó, pero me pareció muy interesante el planteamiento ecuménico”, destaca Ferrer en diálogo con el periódico El País. El pastor tenía en mente escribir un libro sobre parejas y sexualidad “porque Jesús abrió nuevas posibilidades”. Tenía reparos de que la editorial le cambiara algún contenido: “Yo pensaba que si me tocaban una coma, no lo publicaría, pero publicaron todo tal cual… un aplauso por la editorial. Me pareció interesante que un espacio católico abriera el juego. La lectura bíblica tiene una diversidad de interpretaciones. La tuvo al momento de escribirse. La Biblia no es homogénea”.

La editorial San Pablo mantiene todavía en su web una entrevista al pastor protestante en el que además de defender que la indisolubilidad del matrimonio no es un mandato de Jesús sino una sugerencia, asegura que la Biblia es una "producción social y cultural" que además se contradice. Ferrer llega a decir que "si entendemos la Biblia como palabra revelada de Dios, no hay que buscarle contexto ni nada, pero ahí van a surgir otros problemas".

InfoCatólica ha podido saber que el libro se sigue ofreciendo en la web de la editorial San Pablo en Perú.

Ferrer no sabe aún si intentará publicar el libro en otro sitio, siendo que ya había cedido los derechos de autor al sello San Pablo. “La editorial también salió damnificada: perdió un montón de dinero con tantos libros que no podrá vender. Si lo publico en otro lado, agregaría otros capítulos sobre homosexualidad”, comenta el pastor metodista, que en 2010 apoyó públicamente la ley del matrimonio entre personas del mismo sexo.


La Congregación para la Doctrina de la Fe y el sentido común


La Congregación para la Doctrina de la Fe ha cumplido con su deber al ordenar la retirada de un libro de un pastor metodista, Pablo Manuel Ferrer, de la editorial católica San Pablo. El pastor no es evangélico, como se asegura en muchos medios. Pertenece a lo que se conoce como protestantismo liberal, que no se diferencia gran cosa de los teólogos heterodoxo-modernistas que sufrimos desde hace décadas en la Iglesia.
La lástima es que todos “nuestros” liberales no se vayan con el pastor Ferrer a su chiringuito eclesial. Y también es una lástima que John Wesley no levante la cabeza para poner a ese pastor en el lugar que se merece.

El tal Ferrer sostiene los típicos tópicos que la teología liberal, auténtico cáncer y peste negra de la teología cristiana, ha venido defecando desde hace siglo y medio. De la Biblia dice que es una obra social y cultural que además se contradice a sí misma. Niega de forma bastante clara que sea revelación de Dios. En relación a la sexualidad, sostiene exactamente todo lo que es contrario a la fe católica. Y, en definitiva, no está nada claro que merezca el calificativo de cristiano.

A pesar de todo ello, a la editorial “católica” San Pablo en Argentina no se le ocurrió mejor idea que encargarle un libro con motivo de una colección de ecumenismo. Digamos que aceptamos la idea de que una editorial católica publique obras de teólogos no católicos. Es cosa habitual en las últimas décadas. Ahora bien, a mí no me cabe la menor duda de que en ese bendito país deben de existir decenas y decenas de teólogos protestantes cuya visión sobre la sexualidad y el matrimonio sea muy parecida o idéntica a la de la Iglesia Católica. Es más, podría dar algún nombre. Y, sin embargo, en la editorial han buscado a quien más alejado está no solo de la fe católica, sino de cualquier cosa que huela a fe cristiana. Y, ustedes me lo perdonarán, yo no me creo que eso sea una casualidad. Estoy convencido de que los responsables de esa decisión son tan liberales -y por tanto, tan poco católicos- como el pastor Ferrer.


¿Cómo ha sido posible que el Cardenal Levada haya enviado una carta a la editorial San Pablo para que retire el libro? “La carta se basa en una información recibida. El informante obviamente permanece en secreto…“. Así se describe lo ocurrido en un blog del progresismo eclesial argentino, donde por supuesto se quejan de la censura y tal y cual. Cuando no se entiende que una editorial católica no puede publicar obras que arrementen claramente contra la doctrina católica, es que se ha perdido toda noción del sentido común.

Lo cierto es que estamos ante una prueba evidente de que cuando alguien denuncia una barbaridad ante Roma, hay posibilidades de que sea atendido. En buena lógica deberían de haber sido los obispos argentinos los que decretaran la retirada de ese panfleto herético. La Conferencia Episcopal Argentina debe de tener su comisión para la doctrina de la fe, que para algo ha de servir. Aquí en España hay cierta editorial católica que, desde hace cierto tiempo, ya no publica una sola obra sin el visto bueno de la CEE. Esa fue la condición para que no se le retirara la condición de católica. Quizás haya que hacer lo mismo con la editorial San Pablo en Argentina -y en Perú, donde siguen vendiendo el libro-. Así se le quitaría carga de trabajo al dicasterio romano, que debe de quedar para los casos más “complicados". El ver que un pastor liberal no puede publicar un libro en una editorial católica no es complicado. Es una obviedad.
Pero cuando no se profesa la fe católica, lo obvio se convierte en tiniebla, la mentira en verdad y los argumentos heréticos en la regla para formar la conciencia. Ese camino solo lleva a la condenación.

Luis Fernando Pérez Bustamante

POR EL HONOR DE LA SANGRE

Sangre de Cristo, embriágame
                 
 
Mientras el mundo gemía el drama de Japón, sucedido en el inicio de la Cuaresma; mientras el luto desplegaba su ropaje austero sobre el corazón de los hombres decentes, nos llegó la noticia, según la cual, un grupúsculo burdelesco de funcionarios oficialistas, encabezados por el actual ministro de Economía, se daba cita en el bar “Perón Perón”, ubicado en lo que llaman ahora Palermo Hollywood, y que otrora supo ser, decentemente, “un cielo de relinchos y de crines”, al decir de Jorge Luis Borges.
          
La banda orgiástica del kirchnerismo tenía su propósito expreso en aquella jornada luctuosa de marzo: presentar un nuevo vino, llamado “El Justicialista”, que según sus promotores, sumaría aún más alegría a la que ya tiene el pueblo como consecuencia de las bondades múltiples que prodiga este Gobierno. Henchidos de ínfulas electoraleras —que es estar rebosante de chapuzas— los hijos de Cristina libaron y brindaron por lo que juzgan su inmodificable y seguro triunfo político.
         
Personajes de talante prostibulario se aglutinaron alrededor del neobrebaje, convencidos todos de que se puede imponer la alegría popular por decreto de necesidad y urgencia. Y cada uno de ellos, a su turno y copa en garfio, sintióse autorizado a expresar alguna sonora porquería.
         
Llegado el momento del palurdo que funge de Secretario de Cultura —y que para abreviar llamaremos Jorge Coscia— dijo, según registro de las crónicas: “El vino es bíblico. El famoso pedo que se agarró Noé aparece en la Biblia, el primer libro” (cfr. “La Nación”, 12 de marzo de 2011, pág. 18).
        
“Todos se rieron con ganas”, según apunta a renglón seguido el mismo informante. Es lógico que así fuera. Existe un patólogico reír —propio de los idiotas o de los degenerados— el perfidum ridens, que expresa el gozo que les causa ver la humillación de los demás. En este caso el humillado era nada menos que el Patriarca Noé, cuya embriaguez (Génesis, 9,18-29) es figura de esa copa densa de los pecados del mundo, que el mismo Cristo pidió auxilio al Padre para poder beber (San Mateo, 26, 42). Así lo vieron exégetas de nota, y el mismo Buonarotti lo plasmó en uno de sus frescos, el último de la serie del Génesis que está en la bóveda de la Sixtina.
        
Pero para el Secretario de Cultura —paradigma del intelectual K— Noé es apenas un borracho, y el sacrilegio un divertimento de taberna peronista. Es que Coscia, como sus pares de Carta Abierta, merecen ser discípulos de aquella extraña Escuela de Slovenrie, para quienes orinar, peer y vomitar era el modo connatural de expresarse.
        
Faltaba lo peor, y al final llegó en aquella tenida patibularia. El Ministro de Agricultura, que responde al nombre de Julián Domínguez, alzó una de las botellas de “El Justicialista”, y “se animó, incluso, a comparar el vino con la sangre de Cristo, que «dio la vida por la humanidad», con la sangre de Kirchner, que «dio la vida por la política»” (cfr. “La Nación”, ibidem).
         
Hay una sola manera argentina de castigar esta blasfemia, y es horadando la lengua del impío, como enseñaba el Gral. José de San Martín. ¿Quién se atreverá a hacerlo, mientras le explica al reo que el señor Kirchner no derramó ninguna sangre por nada ni nadie, sino que reventó una noche bajo el destino maldito del insensato, al que el Supremo Juez le pregunta: “¿para quién será lo que has amontonado”? (San Mateo, 12, 16-20). ¿Quién se atreverá al justiciero hierro candente, para que el fuego lave, junto con la injuria, la mitología grotesca que ha transformado en héroe y en santo al más vulgar de los canallas y al más ladrón de los rencorosos?
         
Y hay una sola manera católica de castigar esta horrible imprecación. La explica San Alfonso María de Ligorio en su Sermón IX —para el domingo XXIVº después de Pentecostés— citando a San Juan Crisóstomo: “cuando oigas blasfemar a un hijo vuestro, rómpele la boca, santificando así vuestras manos” (cfr. “Obras Ascéticas”, Madrid, BAC, 1954, vol. II, pág. 523). ¿Quién osará aplicarle la merecida pena? ¿Acaso alguno de estos obispos felones que cuando sale algún curazo agalludo a contener a los viles, acaba pidiéndoles perdón y acallando al valiente?
          
No; nadie excepto el Dios de los Ejércitos castigará a estos repugnantes blasfemos. Que no se llaman sólo Boudou, Coscia o Domínguez, porque tienen los mil nombres de los obsecuentes que rodean el trono de la jaca.
          
Por eso, desoiré en la ocasión a las voces amigas que me piden no trasgredir los límites de la mesura. Pero ¿si no estoy dispuesto a este minímisimo gesto de santa indignación por el honor de la preciosa Sangre de Cristo, por quién lo haré?
         
Escuchen pues, esbirros y esbirras kirchenristas que han sido o serán capaces de tamaña perfidia; escuchen lo único que merecen escuchar con voz tronitonante: son todos ustedes una manga de...
           
Sanguis Christi, inebria me.

         
Antonio Caponnetto

EL 25 DE MAYO DE 1810







Índice:
 
Palabras a los Docentes
 
El problema del 25 de mayo
***
Capítulo Primero
 
¿CÚANDO NACIÓ
LA PATRIA?
El Bicentenario
El origen de la Gran Nación Americana
El origen de la Argentina
Redondeando
***
Capítulo Segundo
 
LA PATRIA ESPAÑOLA
Y CRIOLLA
Los criollos
Buenos Aires y los problemas
con los extranjeros
Las invasiones inglesas
***
Capítulo Tercero
 
EL PRlMER
GOBlERNO CRlOLLO
Después de las Invasiones Inglesas
Empezó la discusión
El 25 de Mayo de 1810
Saavedra
El Caudillo de la Primera Junta
Nuevos Problemas
Redondeando otra vez
***
Capítulo Cuarto
 
LA REVOLUCIÓN DE MAYO
Y LA IGLESIA
El pecado del liberalismo
Entonces hablo el Papa
Los buenos curas criollos
El Padre Castañeda
***
Capítulo Quinto
 
UN HOMBRE DE MAYO:
MANUEL BELGRANO
Antes del 25 de mayo
Belgrano Militar
Victorias y Derrotas
La creación de la bandera
A Don Manuel Belgrano
***
Capítulo Sexto
 
¿QUÉ FESTEJAMOS
EL 25 DE MAYO?
Nada de confusiones
Buenos motivos para un festejo
 
Apéndice
 
La  Virgen María, la familia y la patria
Nuestra Señora del Rosario de la Reconquista
Nuestra Señora de la Merced
Nuestra Señora del Carmen
Nuestra Señora de las Islas Malvinas
Nuestra Señora de Luján,
Patrona de la Argentina
¡Ave Cor Mariae!
 
Co-edición
Editorial Santiago Apóstol / Bella Vista Ediciones
Librería Santiago Apóstol
(011)4666-3817
La Plata 1721 – Bella Vista

ARGENTINA TIENE HEROES

UNA JUSTICIERA CARTA
  
Lo que sigue es un fragmento de la carta que la Sra. María Delicia Rearte de Giachino, les remitiera a los miembros del CECIM, vergonzosa e indigna agrupación platense oficialista, que pidió el retiro del retrato del Capitán Giachino del Concejo Deliberante de Mar del Plata.
 
 
  
Señores:
    
Con desconcierto he visto que CECIM es incansable.
    
No se conformó con amenazarme con saña inaudita, en Diciembre pasado y en reiteradas oportunidades, sino que ahora se ocupa de agraviar a un muerto, el Señor Capitán de Fragata (Post Mortem) de Infantería de Marina Don PEDRO E. GIACHINO, cuyo nombre será dificil borrar de la historia grande de la Nación Argentina.
     
Realmente estos hechos muestran la catadura moral de quienes integran ese Centro y se dicen “ex combatientes”, no VGM (VETERANOS DE MALVINAS), pues evidentemente dejaron de combatir por la Verdad y la Justicia, no mereciendo el honroso título que los haría acreedores del reconocimiento de los argentinos.
    
Sin embargo, fiel a mis principios, respeto a todo aquel que luchó en Malvinas.
    
Mi experiencia de la guerra es a través de películas, de libros, de relatos de dolor. Pero ustedes la vivieron. Vivieron las miserias y las grandezas de toda guerra. El hambre, el frío, el miedo, la amistad, la caridad, el valor. El triunfo y la derrota. La traición y el altruísmo. El cañoneo y la carta esperada.
     
¿Por qué se convirtieron en ex-combatientes? ¿Por qué cambiaron su fusil por la cobardía? ¿Qué extraño sentimiento de envidia y de rencor los mueve? ¿Por qué borraron sus recuerdos de gloria y los reemplazaron por pedigüeñas mezquindades? ¿Por qué arrancaron el rosario de sus cuellos y se colgaron el amuleto del demonio que entró en sus almas como en la de aquel Judas que vendió su vida eterna? ¿Pensaban en sus esposas, sus hijos, sus padres, sus novias, sus amigos, mientras silbaban las balas, queriendo volver para abrazarlos? ¿Soñaban con la entrada triunfal del guerrero en su Patria, nunca derrotado?
     
Tal vez las respuestas opaquen sus corazones y destruyan su razón. Tal vez no fue culpa de ustedes. Tal vez intereses bastardos terminaron con sus ilusiones. Tal vez sus jefes no supieron o no quisieron valorar sus sacrificios. Tal vez la ingratitud del pueblo argentino los rebeló. Tal vez creyeron que habian perdido sus “derechos humanos” y los buscaron en los DDHH de los extraviados.  ¡Cómo […] se hundieron en el fango viscoso de los “estúpidos imberbes”, ya barbados y corruptos!
        
Ustedes pretenden destruir, mancillar la gloria de aquellos que murieron a su lado. Ustedes no curan con amor las heridas y los traumas imborrables de los que compartieron el pozo en la turba helada. Ustedes se ensañan con los que fueron fieles a su juramento y lo sostienen aún después de muertos, y en cambio se convierten en despreciables perjuros, deshechos de una sociedad que perdió el rumbo.
     
Cobardes que traicionan a sus héroes. Cobardes que colaboran en la vergüenza de un país que es hazmerreír del mundo. Cobardes que se esconden en la sombra del anonimato como esbirros de políticas interesadas, que así como los acogió, los tirará al basural cuando logren sus deshonestos propósitos. Cobardes que son cómplices del “fin de la historia” de Gran Bretaña sobre la soberanía de las Islas, esa soberanía que dice reclamar la Sra. Presidenta mientras admite que se la desconozca, callando mientras enlodan a quien, con su vida, se ofrendó por todos los argentinos, para que su bandera volviera a cubrir la tierra redimida.
      
Ustedes se rindieron, son ex-combatientes, no pudieron librar “el buen combate”. Las 649 cruces no; son Veteranos de Guerra de Malvinas que siguen combatiendo desde el cielo, el mar y la turba hasta la victoria final.
    
Señores del CECIM: Qué Dios los perdone. Yo, pobre pecadora, todavía no puedo.
      
María Delicia Rearte de Giachino

DONOSO CORTES

"Y no se me diga que, si el vencimiento es seguro, la lucha es excusada; porque en primer lugar, la lucha puede aplazar la catástrofe, y en segundo lugar, la lucha es un deber y no una especulación para los que nos preciamos de católicos. Demos gracias a Dios de habernos otorgado el combate, y no pidamos sobre la gracia del combate la gracia del triunfo a Aquel que en su bondad infinita reserva a los que combaten bien por su causa una recompensa mayor que la victoria"

Donoso Cortés

SOCIOLOGÍA ANTIMILITAR EN EL COLEGIO MILITAR

La Sociología y Psicología son dos carreras universitarias que están de moda. Sociólogos y psicólogos se producen en serie y se introducen de inmediato en todas partes para conducir a las almas y orientar la convivencia.
   
Ambas disciplinas se encaran desde un punto de vista empírico, positivista, experimental, como ciencia de fenómenos; esto es, sin consideración alguna de la naturaleza del hombre y del fin de su existencia. Se prescinde pues de la Religión y de la Metafísica, de todo juicio de valor y de fin, como si se tratara del estudio de los fenómenos físicos.
  
Claro está que dicha pretendida neutralidad religiosa y moral en aras de la objetividad científica, no excluye realmente ni el supuesto religioso ni el metafísico. Por el contrario, se parte de la irreligiosidad y de una pseudometafísica materialista; se niega la presencia de lo religioso y de lo metafísico en los fenómenos sociales tanto como en los fenómenos psíquicos.
  
El Gral. Benjamín Rattenbach se ha ajustado a este criterio empírico y positivista al redactar un manual titulado El sector militar de la sociedad, que se usa oficialmente en el Colegio Militar de la Nación.
  
No puede ser más pobre, ni más vulgar, ni más desmoralizadora la idea que pueden formarse de la institución militar, los futuros oficiales a través de las páginas de este libro. El autor decribe las características comunes de las Fuerzas Militares con la misma indiferencia de un botánico al describir y clasificar las raíces, tallos u hojas. De ahí su aclaración inicial sobre el criterio científico que sigue en su estudio: la sociología “es una de las ciencias sociales que busca mediante procedimientos empíricos el conociminto de la sociedad humana. Se puede decir que la sociología militar, es una ciencia social empírica que persigue sólo el conocimiento” (p. 24).
  
Lo que no dice el Gral. Rattenbach es qué clase de conocimiento y qué valor tiene para el futuro oficial. No dice que se trata de un conocimiento superficial, superfluo y de valor negativo, porque deja de lado la cualidad moral, el sentido interior, la característica distintiva esencial que acusan los fenómenos sociales. Y por esta grave omisión, el examen se limita a las características comunes, materiales y externas, que por sí solas, hacen que se confunda un acto de coraje heroico con un asesinato alevoso y cobarde, tal como se advierte en el capítulo VI de este increíble manual, donde se tratan “las contradicciones morales” que afectan al sector militar (p. 90 y ss).
  
Es notorio que los fenómenos sociales de matar, espiar, engañar, atacar por la espalda a uno o a muchos semejantes, tengan lugar en la guerra o en lapaz y sean obras de militares en servicio o de pistoleros en atracos, se parecen como una gota de agua a otra, si atendemos únicamente como lo hace el Gral. Rattenbach a las características comunes, superficiales, materiales y externas. Y es así como tan irrisoria comparación se puede aventurar el insólito juicio de los pacifistas cuáqueros o trasnochados.
   
“En el sector militar se enseñan y aplican ciertos principios que, indudablemente, representan una contradicción con respecto a los principios morales comunes que rigen en el resto de la sociedad. En primer lugar tenemos la inversión del célebre precepto bíblico ‘no matarás’ que aquí rige al revés y es objeto así de una recomendación especial. Matar a muchos y en forma rápida ha sido durante siglos y milenios el sumun del arte militar, y aún cuando en la época presente la estrategia militar no busca tanto producir muchas muertes como imponer al adversario la voluntad propia, subsiste en este campo la inversión del precepto moral civil en cuanto al significado del homicidio y la muerte. Más aún, todavía se admira y se consagra como héroe a aquel que logra destruir a muchos adversarios en un acto de arrojo o de temeridad. Un proceso parecido sufre el problema del espionaje” (p. 99).
  
El subrayado nos pertenece. Hemos querido destacar ese “todavía se admira y se consagra como héroe” en la pluma de un general argentino y en la formación ética de los cadetes que llevan, uno y otros, la réplica del corvo de San Martín.
  
Quiere decir que, según el Gral. Rattenbach, llegará tiempo en que el arrojo de San Martín, de Dorrego, de Lavalle, de Lamadrid, dejará de admirarse y de ser consagrado como heroico.
  
Causa estupor que el Colegio Militar de la Nación, se enseñe a los futuros oficiales de nuestro Ejército que las más altas virtudes militares y guerreras están en contradiccion con los principios morales que rigen al resto de la sociedad, como si hubiera una moral civil y una moral militar; como si los principios morales que rigen en el cuartel fueran bárbaros, crueles, el todo está permitido y el fin justifica los medios, frente a los principios civilizados, pacíficos, que mandan obrar el bien y no hacer el mal, por ejemplo, “no matar”.
  
El soldado que mata en la guerra en que se juega el destino de la patria, su soberanía, su honor, no lo hace porque se cree dueño de las otras vidas, ni de la propia, ni movido por odio personal hacia el adversario, ni en procura de su propio interés. Lo hace porque está en juego un bien que vale más que la propia vida temporal y la de los otros, porque el Bien Común es más importante que el bien particular, porque pertenecemos a Dios, a la Patria, a la Familia, y nos debemos a estos principios de vida más que al cuidado de lo que en nosotros es de la muerte; porque sin esos bienes la vida sería peor que la muerte. Hasta el poeta pagano Horacio canta:
“Por la patria morir es dulce y noble.
También la muerte al desrtor acosa,
ni perdona a rodilla que se dobla
ni a espalda que se vuelva temerosa”.
  
Y el Padre Castellani, en versos inspirados por el gran Péguy insiste:
  
“Dichoso aquel que muere por su casa y su tierra
pero sin haber hecho dolo ni causa injusta […]
Dichoso aquel que muere para que siga indemne
la vida de un niñito, la gloria de un país”.
  
Lo que vale para morir, vale igual para matar, porque es la vida que se hace don en uno y otro caso, es la sangre que se derrama inocentemente por una causa justa y solemne.
  
¿Cómo se puede confundir con el asesinato o con el suicidio, con el que desprecia la vida del otro o la propia? ¿Cómo se pued confundir a un soldado que dispara su ametralladora en defensa de su patria, con un pistolero que dispara su ametralladora en el atraco de un banco?
  
Son dos fenómenos sociales materialmente parecidos, pero moralmente opuestos en orden al mismo principio supremo de la moral cristiana: “Ama a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a tí mismo”.
  
En principio, el hombre debe respetar la vida de otro hombre, pero en el caso concreto y extremo de la defensa de su Religión, de su Patria, de su casa, de su prójimo, debe matar si es preciso. Y entonces muere y mata por amor.
  
No hace falta apelar aquí a otros argumentos ante cosa tan notoria; tampoco hace falta insistir en otros temas tratados por el Gral. Rattenbach, para poner en evidencia el espíritu antimilitar y antisanmartiniano de su libro, así como su pluralismo y relativismo éticos.
  
Es increíble que manuales como El sector militar de la sociedad puedan ser escritos por un general, editado por el Círculo Militar, y usados oficialmente en la formación de los jóvenes que se preparan para morir y matar en defensa de la Patria y del Occidente Cristiano.
  
Si en cualquier época sería un contrasentido manifiesto, en la presente que se caracteriza por la Guerra Revolucionaria, en la que domina el aspecto doctrinario y la subversión social, resulta suicida; una contribución activa al desarme moral de los hombres de armas.

Jordán Bruno Genta

domingo, 6 de mayo de 2012

PARA COMPETIR EN "suelo inglés", ENTRENAMOS EN SUELO ARGENTINO


“Que no me ofrezcan lo que nunca tuve
por compensar lo que nos han quitado,
el honor de decir: donde yo estuve
flamea un estandarte soberano”.


La gracia de Dios, que desde el pesebre sabe hacer brotar lo grande de lo pequeño y la flor del lodazal, hizo el milagro de que en ese ámbito de estrecheces y de fervores nacionalistas católicos, y a pesar de mis limitaciones, se contribuyera a la formación de un héroe.


LAS MALVINAS FUERON,
LAS MALVINAS SON Y,
LAS MALVINAS SERAN...
ARGENTINAS