domingo, 15 de febrero de 2009

10 DE DICIEMBRE: DÍA INTERNACIONAL DE LA DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS

TERCERA PARTE

Hoy, época en la que por todo y en cualquier lugar se aboga por los derechos humanos (DD.HH.), en nuestro país se han sucedido hechos de los cuales han calado hondo, no sólo en la mente de las personas y de la sociedad, sino también en sus corazones (el odio, el rencor y la venganza).

Hago referencia a lo sucedido en la década del ’70, una era que se vio sacudida por la guerra antisubversiva que libraron nuestras Fuerzas Armadas (FF.AA.) al el mando del Gral. Jorge Rafael Videla.

Se ha hablado mucho sobre este tema en el último tiempo, sobre todo, por organismos constituidos por personas de esa época que llevan en sí un gran rencor y odio que no los deja vivir en paz consigo mismos ni con la sociedad.

Los hechos suscitados a partir de 1970 en adelante poseen algo más que un motivo utilizable para inicuos juicios en contra de aquellas personas que lucharon entregando su vida en defensa de la patria.

Algunas cuestiones a tener en cuenta al respecto son que: existieron excesos injustificables por parte de los dos bandos – FF.AA. y los ejércitos subversivos (ERP, Montoneros, etc.) – que sólo tienen fundamento en falta de convicción y valores por parte de algunos grupos de personas (y no de toda una institución).

Por un lado están los ejércitos revolucionarios, cuya ideología parte de la revolución en la isla de Cuba encabezada por Fidel Castro para derrocar a Batista. Uno de los aliados del actual líder de esa isla, fue el joven médico Ernesto “Che” Guevara, uno de los mejores soldados que tuvo Fidel en sus filas, un asesino sanguinario sin piedad alguna por nadie. Se lo ha convertido en un ícono de la lucha por la libertad, en un símbolo, en un ídolo, en un héroe a seguir.

Desde la caída de Batista en Cuba, comienza la extensión del comunismo en América Latina, llegando a nuestro país alrededor de 1950 aproximadamente. Este joven soldado “el Che” fue utilizado por su ‘amigo’ Castro, quien lo envió a las selvas bolivianas para librarse de él, sabiendo muy bien que lo matarían y que no existía la más mínima posibilidad de triunfo de ese pequeño grupo de exploración que lo acompañaba. Murió convencido de lo que creía (aunque estaba mal y no posee mérito alguno), hoy sus seguidores no son más que simples mediocres que no tienen idea de lo que creen seguir.

Todos estos grupos, sin excepción, son enemigos de la patria y de la Iglesia, por lo tanto era indispensable luchar contra ello para impedir su ingreso a la política y al interior de la misma Iglesia. Por desgracia la política no fue la única que se vio invadida en forma desmedida por estos grupejos de personas, que lucharon en contra, no de un gobierno, ni de las desigualdades sociales; sino contra la sociedad toda (la lucha de clases de la que hablaba Carlos Marx, la lucha por la lucha).

La Santa Iglesia Católica, la cual fue víctima de las más crueles aberraciones y, lo verdaderamente lamentable es que no lo fue sólo por los ataques externos. Nació en su seno, un grupo con ideología marxista-leninista denominado “los sacerdotes del tercer mundo”, también conocidos como sacerdotes tercermundistas. Estos sacerdotes, hombres consagrados a sólo a Dios, se hicieron esclavos de demonio al ponerse al servicio de los hombre y no de Nuestro Señor.

Con el devenir de la democracia liberal que no gobierna desde 1983, también surgió la destrucción de la República al ser ésta intrínsecamente perversa, veamos por qué:

Después de lo expuesto, estamos en condiciones ya de hablar de la mentira más grande de los últimos tiempos: los 30.000 desaparecidos. No fueron 30.000 ni fueron inocentes.

En primer lugar, no existe forma alguna de corroborar semejante cifra, ya que para la época y en las circunstancias en que se encontraban las FF.AA era absolutamente imposible lograr desaparecer a tamaña cantidad de gente, aunque lo hubiesen pretendido. De más está decir que hoy en sería mucho más irreal.

En segundo lugar esta gran falacia tiene varias facetas; había que inventar un número extremadamente grande para que cause impresión, después apelar a la sensibilidad de la gente por medio del ‘dolor’ de las madres y abuelas que aparecen hasta detrás de los árboles y, por último, la repetición constante de la mentira (miente, miente que algo queda).

Lo que estas ‘señoras’ no mencionan son, las aberraciones cometidas por sus hijos, nietos y “compañeros”, las cuales son muchas y, no son precisamente actos de defensa. Personas que vivieron esa época y que tuvieron experiencias desagradables, no son precisamente las que salen a diario en televisión, periódicos, radios e internet contando lo malo que fueron los militares durante el proceso y todo lo que les pasó; el sólo recordarlo les causa dolo, por ello prefieren esconderlo, es una decisión personal y no intimidación de nadie.

Hubo equivocaciones por parte de las FF.AA. y no se puede negar, pero era una guerra (ya que había dos ejércitos y ambos estaban armados), un bando defendía los verdaderos ideales de la patria y a la sociedad (estos no eran los inocentes y pobres jóvenes idealistas) y el otro atacaba a la sociedad y al gobierno de la época porque habían logrado reunir suficiente armamento y gente para hacerlo; no fue exclusivamente porque era un gobierno militar.

Los niños y mujeres de los comercios, colegios y guarderías también tenían derechos humanos, pero eso no detuvo a los asesinos autores de semejantes atentados. Los integrantes de las FF.AA. no colocaban bombas en la vía pública ni en las plazas; bien o mal, con razón o sin ella los soldados fusilaban a quienes debían a cara descubierta.

Pero también se esconde que la sociedad no estaba de acuerdo con los grupos revolucionarios y su accionar, mucha gente dice hoy en día, que durante el gobierno militar se podía caminar tranquilo por las calles, que cuando las FF.AA. tomaron el poder las personas festejaban en las calles, cosa que hoy con la democracia no se puede.

Martin Dario Sardi

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