jueves, 26 de junio de 2008

EL EJEMPLO DE MANUEL BELGRANO

Sabido es la entrada en Buenos Aires del general Beresford […] Se tocó la alarma general y conducido del honor volé a la fortaleza, punto de reunión […] Todavía fue mayor mi incomodidad cuando vi entrar las tropas enemigas y su despreciable número para una población como la de Buenos Aires: esta idea no se apartó de mi imaginación y poco faltó para que me hubiese hecho perder la cabeza: me era muy doloroso ver a mi patria bajo otra dominación y sobre todo en tal estado de degradación, que hubiese sido subyugada por una empresa aventurera […]
Aquí recuerdo lo que me pasó con mi corporación consular […] y de mi relación inferirá el lector la proposición tantas veces asentada, de que el comerciante no conoce más patria, ni más rey, ni más religión que su interés propio [pues sus miembros] se reunieron y no pararon hasta desbaratar mis justas ideas y prestar el juramento de reconocimiento a la dominación británica, sin otra consideración que la de sus intereses […] En este estado y por si llegaba el caso de otro suceso igual al de Beresford, u otro cualquiera, de tener una parte activa en defensa de mi patria, tomé un maestro que me diese alguna noción de las evoluciones más precisas y me enseñase por principios el manejo del arma.

Manuel Belgrano


Nota: La cita ha sido tomada de su “Autobiografía”, Carlos Pérez Editor, Buenos Aires, 1968, págs. 15-20.

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